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Crónicas

Bayona

Autora: B. Hernández

Yo estuve el año pasado estudiando en Bayona (Francia) y mi experiencia fue bastante positiva. Los estudios que cursé fueron una Maitrise en Biologie des populations et des ecosystemes. En España estaba cursando Ciencias Ambientales y la verdad que lo pase un poco mal en cuanto a contenidos porque las clases se enfocaban más a gente de Biología. El nivel es algo más bajo que en España en algunas materias pero de más calidad en otra. Lo de estudiar y memorizar datos no es el método que utilizan, intentan que aprendas más en el sentido práctico de las asignaturas que estudias. Los medio en la universidad también son mayores, desde equipos informáticos hasta los laboratorios.

El trato que recibí de mis profesores y compañeros fue muy bueno. Teniendo en cuenta que mi nivel de francés era bajo, me ayudaron, pero en ningún momento tuve menos trabajo o ayuda a la hora de hacer exámenes o trabajos. Las condiciones eran las mismas que para el resto de la clase.

En cuanto alojamiento yo estuve en un apartamento de 40 metros cuadrados. En Francia lo de compartir piso no es frecuente, así que el alojamiento sale un poco caro. Existe una ayuda francesa APL que se pude solicitar nada más llegar y que viene muy bien a la hora de afrontar el alquiler. Para solicitarla tienes que seguir una serie de papeleos como formalizar la carte de sejour y disponer de una cuenta bancaria. Yo recomiendo abrir una, con la Poste es gratis y fácil de abrir.

En Francia, la verdad, es que les gusta la burocracia, así que nada más llegar te tendrás que enfrentar a un montón de papeleos. Ante todo calma que al final las cosas van saliendo.

En residencias el alojamiento se abarata mucho. Las residencias del estado CLOUS son muy baratas pero lo difícil es conseguir una plaza. Hay que solicitarlas en el mes de abril y no siempre te la conceden. Además, el sistema allí es algo caótico y al llamar para preguntar nadie sabe nada.

Francia

Autora: Tere

Mi consejo para todos aquellos que quieran irse de Erasmus a algún país en concreto y su escuela no tenga convenio es que hablen con algún profesor que pueda estar interesado y proponerle hacerlo. Yo lo hice, quería ir a Francia, pero para mi carrera no había ningún sitio, hablé con uno de los profesores que ya tenían otros países y buscamos un sitio. Pero debéis hacerlo con antelación, de un curso para otro. Si os  queréis ir para el próximo curso tenéis que poneros en contacto con la universidad extranjera antes de navidades.

Otro consejo para los que se vayan a Francia es que pidan la residencia cuanto antes, no esperéis a que os la pidan los franceses, podéis quedaros sin ella, debéis de pedirla antes de que acabe junio. Es el alojamiento más barato que podéis encontrar. Además, el gobierno francés os pagará casi la mitad.

Por último, seguid bien los consejos de la Oficina de Relaciones Internacionales de vuestra universidad, y no os retraséis en la entrega de los papeles si queréis cobrar a tiempo.

Mucha suerte y a disfrutar como intentaré yo hacerlo ahora.

Francia

Autor: Dioni Fernández

Aquí os cuento lo que han sido mi primer y segundo viaje al extranjero por motivo de estudios, aunque si se puede compaginar con el ocio y la cultura, la mezcla que resulta es estupenda, inmejorable.

Hará un par de años mis padres contrataron un viaje de un mes en Francia para que aprendiera y perfeccionara el idioma. El destino: un campamento francés en la costa. Éramos un grupo reducido de españoles y el resto eran de allí. Al principio era un poco reticente en ir. No sabía lo que me iba encontrar, no sabía cómo era la gente, pensaba que lo poco que sabía del idioma no me iba a servir de nada. Supongo que el típico miedo de la primera vez.

El plan en el campamento era el siguiente: todas las mañanas clases de gramática francesa, y por la tarde actividades mixtas (franceses con españoles, nada de españoles con españoles), piragüismo, escalada, buceo, playa, fiestas, salidas culturales, acampada acompañada de recorrido en bicicleta de montaña, mini-crucero de un par de días por el alrededor... ¡Y pensar que yo no quería ir!

El tiempo va pasando, te vas abriendo (aprendes a ser más sociable, algo esencial en el mundo laboral), haces amistades, y se cumple el propósito del curso. Ni punto de comparación lo que sabía de francés antes de ir con lo que sabía a la vuelta. Una mejora notoria en vocabulario, gramática y fonética.

Me lo pasé tan bien allí y lo consideraba tan instructivo que me dio pena el volverme, pero se acabó el tiempo y tuve que regresar. Mi segundo viaje fue este verano y lo busqué por mi cuenta junto con un compañero. Una salida esta vez de dos meses a Irlanda. Eso sí, sin dinero, sólo el viaje. Una vez allí buscaríamos trabajo en algún hotel (tienen gran oferta de empleo, lo recomiendo), alguna pensión pequeña y a lo mismo, ¡a perfeccionar y a aprender el idioma!

Ya superado el miedo a salir el extranjero, todo es más fácil. Aquí todo fue de maravilla. Los clientes, los jefes, la mujer de la pensión, la gente que allí vive... todos amabilísimos, y con todos en inglés. No tuvimos ningún tipo de problema económico ni laboral. Al acabar el contrato de los dos meses nos quisieron renovar, decían que atraíamos a la clientela (estábamos en el bar del hotel) pero la carrera hay que acabarla y se hace en España, así que nos volvimos con un poco de dinero ahorrado, con un montón de experiencias que contar, con muchos conocidos encantadores que quieren que volvamos al año que viene y con un nivel en el idioma excepcional. ¿Se puede pedir algo más?

Como colofón a todo esto, sólo decir que el idioma es, no altamente recomendable, sino que actualmente imprescindible para optar a un buen puesto laboral sin importar qué tipo de titulación se tenga. Y para lograr esto no hay mejor manera que dejarse la vergüenza a un lado y emprender el viaje. El resto, viene rodado. No hay duda de que el año que viene volveré. Ánimo y a por ello, no os arrepentiréis.

Niza

Autora: Tere

Hace un año y medio aproximadamente fui a pasar una temporada a Francia, en concreto a Niza, porque en junio tenía el examen oral de francés de tercero de la escuela de idiomas, así que me fui allí para ver si mejoraba, y vamos si mejoró, saque un 9,5 en el examen oral.

Si hacéis un viaje a Francia, os sugiero que disfrutéis de su gastronomía, sobre todo la referida a pan y repostería, porque hay cosas exquisitas. Eso sí, con moderación, porque allí la vida es bastante más cara. Por eso mismo también os aconsejo que no tiréis el dinero comprando ropa allí porque es prácticamente igual a la de España pero con un precio considerablemente más elevado. Y para que esos precios tan elevados sean más llevaderos lo mejor que podéis hacer es buscar un trabajo de profesor o lector de español en algún instituto, academia, universidad, escuela de idiomas... o simplemente dar clases particulares de español porque allí ese tipo de trabajos están muy bien pagados.

Sobre la gente no tengo queja, pero hay que admitir que son un poco más cerrados que los españoles. Un consejo: si te presentan a un francés no le des dos besos como se hace entre españoles, ellos son algo más fríos, así que simplemente estréchale la mano; eso sí, si luego resulta que os hacéis buenos amigos tampoco te extrañe que todos los días nada más te vea te de dos besos porque eso sí que es típicamente francés.

París

Autora: Marián Alarcón

Os voy a contar mi historia en París.

El invierno pasado, como había puente para la Constitución, decidimos hacer un pequeño viaje a París. Eran tres días donde nos reencontraríamos con unos compañeros del viaje de intercambio de verano.

Una vez llegados allí formábamos un grupo de lo más variopinto. Éramos tres españoles, cuatro franceses, dos alemanes y dos chicas suecas que estaban pasando allí un mes y se apuntaron a nuestro grupo.

Fue un intercambio cultural de lo más emocionante, y lo mejor fue el reencuentro. Después del verano pudimos ver que los franceses no eran tan juerguistas y que los alemanes son divertidísimos (que no me vengan con estereotipos). También me encantó poder hacer "compañía" a esas dos chicas suecas que fueron las que mejor se lo pasaron ya que tenían las expectativas más bajas.

Esta es una historia como cualquier otra y simplemente sirve de ejemplo recomendar los intercambios de estudiantes entre países. No hace falta que sea medio año, con un mes y luego manteniendo contacto esporádico se hacen amistades muy fuertes y muy diferentes a lo que estamos acostumbrados.

Comprendí la importancia fundamental del intercambio internacional de estudiantes cuando experimenté por primera vez el ser estudiante extranjero en un país tan cercano al nuestro como Francia. Después, cuando me fui por segunda vez, lo que me empujó fue el deseo del país extranjero más que el del estudio. El deseo de descubrir, de enfrentar mi persona ante lo desconocido pasaba cualquier interés de tipo intelectual. De eso ya hace casi tres años, contento de experimentar en mi cotidiano los encuentros y desencuentros con este país.

Aunque haya una parte de estudiantes incitados a moverse únicamente por el tema de los estudios (sobre todo por estudios muy especializados y de investigación), siento que en su mayor parte los estudiantes que deciden marcharse a estudiar a otro país, con todo lo que eso significa de adaptación a un nuevo sistema educativo, aceptación de nuevas reglas, dominio de la práctica intelectual en lengua ajena, lo hacen movidos por el deseo de conocer e inevitablemente, de conocerse.

A partir de mi experiencia he podido constatar algunas cosas que considero importantes. Independientemente del tema académico, la vivencia más importante de todo estudiante extranjero es el enfrentamiento y el descubrimiento de otra cultura. En la experiencia en el extranjero el conocimiento académico se ensancha enormemente hacia el conocimiento de uno mismo y de la propia cultura. Es en el enfrentamiento que uno se descubre, se reconoce y aprende a relativizar los valores adquiridos.

Por todas estas razones considero importantísimo el apoyo institucional a los intercambios estudiantiles. No solamente uno regresa más rico en experiencias y en conocimientos, sino que la visión que uno tiene del mundo se enriquece y gana en matices dándose a menudo la ocasión de conocer a personas de muchísimos orígenes diferentes que relativizan el reduccionismo estúpido de los estereotipos. Las fronteras interiores se ensanchan y uno se da cuenta de que hay un conocimiento más allá del académico que nos conecta con la realidad y lo más hermoso de la vida, el descubrimiento.

París

Autor: Ginés Fernández López

Soy un estudiante de Matemáticas de la Universidad de Valencia. El pasado verano tuve la oportunidad de viajar al extranjero como estudiante de intercambio. La verdad es que es una experiencia que se la recomiendo a todo el mundo. Yo estuve en París y la familia con la
que estuve me trato bastante bien (la comida también bien).

Estudie francés en la Université Catholique de l'Ouest, en Angers, y allí también me sentí muy acogido, además de que no era el único español. Hicimos muy buenas amistades, tanto con gente de Francia como con españoles.

Para irme no tuve demasiados problemas. Hice lo que me dijeron en secretaría, llevé los papeles necesarios y todo listo.

En resumen, una experiencia que volvería a repetir sin pensarlo dos veces y que la recomiendo a todo el mundo.

Toulouse

Autor: Raúl

A todos los jóvenes nos llega un momento en el que salir de casa y cambiar de aires se convierte en una necesidad. Eso me pasó a mí cuando estaba estudiando Ingeniería Técnica Industrial en Salamanca. Mi universidad tenía un acuerdo con la Universidad de Toulouse (Francia) y no pude resistir la tentación de irme para allá y pasar un año realmente inolvidable.

Irte fuera de España es una experiencia que te enriquece y te ayuda a formarte como persona. En primer lugar porque lo que tuve que pelear para que me dieran la beca no fue ni medio normal; en segundo lugar porque aprendes a hacer las cosas por ti mismo y además en un idioma que no es el tuyo. En tercer lugar, tienes que adaptarte (por narices) a una nueva forma de pensar y de actuar, y una de dos: o te adaptas o te comes los mocos.

Los trámites burocráticos que tuve que hacer tanto en España como en Francia fueron lamentables, y han durado hasta casi seis meses después de haber vuelto a España. Quizás éste haya sido el punto más negativo de una estancia que le recomiendo a todo el mundo.

Los estudios que yo realicé allí estaban realmente bien organizados: 1500 horas dedicadas al estudio de las energías renovables. Un montón de horas de prácticas, visitas a empresas, inglés, informática, cuatro meses de prácticas en empresa, elaboración de un proyecto final de carrera y un ambiente excepcional. Todo esto con el soporte de pedagogos que ejercían un seguimiento personal de cada alumno y de sus dificultades. Realmente excelente. Yo aluciné, de verdad.

Para los que estéis estudiando ingenierías y demás carreras donde parece que los profesores sólo van a molestarte os impresionaría este cambio de actitud. ¡Nos íbamos de marcha con algunos profesores! Al final aprobó todo el mundo, y no penséis que fue porque nos lo regalaron, sino porque no te suspenden por tonterías que no van a ningún lado. Aprendí un montón (ahora sé mucho más sobre las energías renovables que estudié durante un año allí que sobre toda la ingeniería industrial que llevo estudiando ya ni sé cuánto tiempo en España). La mayoría de mis compañeros están colocados, y el que no lo está es porque no quiere.

Pasando al tema de alojamiento, he de decir que yo estuve en la residencia universitaria de Tarbes. Las habitaciones eran individuales y estaban muy bien distribuidas. No había límite de horarios ni nada similar, y la comida me la podía hacer yo mismo. El estado francés os da una ayuda para el alojamiento, y con eso se quedan precios tirados.

Francia es bastante más caro que España. No hay pinchos. La gente sale más bien poco (prefieren hacer las fiestas en casas de amigas). Los trenes son buenísimos, y si vais a viajar mucho, os recomiendo que os saquéis la carte 12-25, que es una tarjeta con la que te hacen unos descuentos muy fuertes.

Y por último... los franceses. Tenéis que ir a Francia con las ideas muy claras de que todo va a ser diferente, y que aunque seamos similares fisionómicamente, nuestra mentalidad difiere bastante en muchos puntos. Los franceses son desorbitadamente educados. No esperéis tener problemas por la noche con alguien porque os haya pisado (y demás ridiculeces que ocurren en España); pero eso sí, no os confundáis: aunque sean educados os dirán lo que os tengan que decir. Si le debéis dinero a alguien, al día siguiente ya se lo podéis haber dado porque si no... Los franceses son hiperactivos: todos tienen algún hobby; el lado negativo es que, en mi opinión, son un poco cagaprisas para muchas cosas. Las francesas tienen menos prejuicios... ya sabéis de qué hablo. Los franceses son testarudos y chauvinistas. Los franceses son generosos y no tienen prejuicios, aunque en el sureste y París hay bastante racismo.

En fin, que no quiero aburriros más. Id a Francia y aprovechad todo lo bueno y todo lo malo. No es el paraíso, pero seguro que os lo vais a pasar e miedo. ¡Buen viaje!

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